COCTEL DE EMOCIONES

COCTEL DE EMOCIONES

“Necesitan contención y terapia de apoyo los brigadistas, los que entregan mano a mano”, nos dijo una amiga psicóloga.

Mano a mano nos entregamos el alma, recibimos más que agradecimiento, la bendición se siente a través de los sentidos que reconocen lo que es amar, compartir y entregarte.

Abrimos el corazón a las emociones y sentimientos de otro ser humano y los brazos al abrazo que sostiene a quien se siente derrotado.

De momento solos nos contenemos, con muestras de cariño, con risas, bromas y compañerismo.

Al armar despensas, organizar ropa y canalizar donativos, platicamos de tu ayuda y expresamos nuestra gratitud, impregnamos de amor y un poco de alegría el apoyo.

No hay tiempo para quejarnos o para cansarnos.

Nos relajamos con una carcajada, compartimos el alimento, nos trasladamos juntos mientras escuchamos que comunidad visitaremos y como es el estado anímico de esas personas damnificadas, una pequeña preparación para saber a lo que nos enfrentaremos: Miedo, desolación, enojo e incluso, posiblemente agresión (el miedo se muestra con violencia) porque han ido, no a ayudarte sino a quererte quitar más de lo que has perdido.

Llegamos al lugar y mostramos servicio, nadie está haciendo un favor a nadie, aquí se trata de entregarte y compartir lo que llevas de una mano para ponerla en otra.

Después…el regreso se envuelve en silencio y reflexión, y a solas nos derrumbamos, lloramos y pensamos en como seguir apoyando.

Iniciamos con la emoción que nos inyecta quien dona, seguimos con la motivación al preparar todo y dirigirnos al lugar, después…nuestras almas se unen…ellos y nosotros…nosotros y ellos.

En el camino, otras brigadas que se convierten en nuevos amigos, reconocemos el dolor en otros ojos y el hambre de justicia nos invade a todos.

La desesperación nos envuelve cuando pensamos en la noche que pasará una familia bajo una carpa o casa de campaña…nos da frío y aun no oscurece.

Intercambiamos palabras con niños que vieron derrumbarse su casa, que esperan un dulce o un juguete, pues los de
ellos, están bajo los escombros…pensamos en nuestros hijos.

Hablamos con padres de familia que han perdido el fruto de su trabajo, familias que ya no tiene patrimonio, mujeres que cuidan de sus hijos que todavía no pueden regresar a su escuela y ancianos que solo esperan en silencio observando lo que pasa a su alrededor.

Los damnificados, los pobres que eran pobres y ahora además…damnificados, necesitan amigos, amigos que traigan esperanza junto con la despensa o las cobijas.

Y con toda esa carga emocional, nos invitan un taco, del guisado que están preparando en una olla grande a mitad de la calle.

Se asoman a ver quién llega y se preguntan ¿para qué?
Visitar una zona cero tiene como motivo único el ayudar, el registrar que es lo que pasa en ese lugar y no solo prometer sino regresar a la semana con una solución.

La gente cierra sus calles, no solo por precaución, por ser zona de riesgo, sino porque necesitan, entre ellos, vivir su duelo, por eso es que cuando vayas a una zona de desastre, pide permiso para entrar, respeta el dolor y su privacidad…aunque la calle sea en ese momento su hogar.

Lleva en tu mochila ayuda y en tu corazón amor, en tu mente fuerza y pide a Dios las palabras correctas si intentas consolar.

Hoy reímos y lloramos, hoy caminamos con amigos que vienen desde lejos, muy lejos, para ayudar.

Hoy de nuevo nos dimos las “gracias” por las alianzas entre fundaciones.

Hoy nos dijimos “Te amo amiga”, vamos pa delante.

Siempre tomamos fotos para mostrar testimonios que tu donativo se ha entregado, pero hoy nos acompañó la fotógrafa Lourdes Christlieb y sin palabras, nos preguntó:
¿Y ustedes como están?…la respuesta la reflejó su cámara.